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12.29.2014

Discos esenciales Pt. 1: ECUADOR




Aunque parezca que he estado inactivo durante los últimos meses (pues sí, es cierto, ¡¿cómo carajos podría comprobar lo contrario?!…) en realidad no he podido estar MÁS ocupado. Lastimosamente estas ocupaciones de las que escribo no han estado para nada relacionadas con este blog -crear una agencia de publicidad desde cero no es nada fácil, niños y niñas- sin embargo ¡desde el 2015 REINICIAMOS con bombos y platillos!

Tengo completadas algunas reseñas de bandas fabulosas (y otras malísimas) que he ido escuchando y presenciando en vivo en este último tiempo, y que iré posteando a lo largo del próximo año.

Foto de algún concierto local, usada sin permiso del autor, pero en la que salgo yo, así que la uso igual


Hasta entonces, los dejo con una lista de recomendaciones musicales. No voy a escribir una reseña de cada uno ni las razones por las que llegaron a la lista, simplemente confíen en mi buen gusto, que básicamente sería mi única credencial y en lo que se basa esta selección.

Empezamos con los que (a mi parecer) son los 20 discos de bandas ecuatorianas independientes que deberían tener en su colección. La lista no posee ningún orden en particular. Busquen, compren, descarguen, disfruten, odien o comenten aquí.

  1. Marley Muerto – Paramar 
  2. Vírgenes Violadoras – Canciones de amor podrido y sin esperanza
  3. Bejin de Kabuto – Manual de instrucciones para ser mejor persona
  4. Estereo Humanzee – Entropía
  5. Guerreros de cartón – Tape Rec
  6. Biorn Borg – Todo se destroza
  7. Camisa de Fuerza – Una noche de Punk
  8. Descontrolados – Descontrolados
  9. Rondamón – After party en la casa del Dr Güily
  10. Ultratumba – 14 cañonazos no bailables
  11. Rocola Bacalao – Infierno
  12. 69 Segundos – Infectado con ideales vacíos
  13. El Retorno de Exxon Valdez – Los Greatest Hits
  14. Hugo Idrovo – Cuentos del río colgado
  15. Ave – Ave II
  16. Alkaloides – Alkaloides
  17. Van Fan Culo – Se rojo sería
  18. Héctor Napolitano – Cangrejo criminal
  19. Sweet Sandra – Nasty Disco
  20. Jodamassa – Y Amanece




3.21.2013

¿ACTITUD O BUEN SONIDO?





La semana pasada fui al concierto de las Vírgenes Violadoras, en el que El Destierro, Lanny Barbie y Esputo Catatónico (en ese preciso orden) fueron teloneros. Fue muy agradable poder apreciar una puntualidad excepcional a lo largo del concierto, respetando el tiempo de las otras bandas y en especial el del público. Lo que sí fue una calamidad, como es habitual en este tipo de conciertos, fue el sonido.

Alguna vez discutiendo sobre los arreglos técnicos de los shows locales independientes, llegamos a la conclusión de que toda banda debería tener su sonidista. Alguien que se preocupe por la calidad de los shows y para sacar lo mejor de cada grupo, pues quién más que ellos para conocer su sonido.

Tenemos nuestros oídos mal acostumbrados a esta calidad de audio en vivo porque “es lo que hay”. Tal vez por no conocer bien lo que se quiere hacer o por falta de interés hacia el show que se quiere dar. Para muchas bandas importa más la actitud que el sonido, y no está mal si esa actitud opaca al audio durante el show en sí, es más, lo complementa. Y ese claro ejemplo se vivió en este concierto.

El Destierro, banda que me habían recomendado con anterioridad y que no había tenido la oportunidad de ver en vivo, puso un buen show, pero tal vez no logré apreciarlos musicalmente en su totalidad. No fue nada que me quitara el sueño, ni que me dejara pidiendo más, pero habría que escucharlos nuevamente, no es tiempo de sacar conclusiones, sin embargo la calidad de audio dejó mucho qué desear, dejando una huella más grande que la de la banda en sí, ya que algunos de los instrumentos no se pudieron apreciar en absoluto.

Lanny Barbie, por su parte, dieron un excelente show, plagado de más errores que de canciones, y con un sonido rústico y punk al extremo, pero son ellos el ejemplo perfecto sobre lo que me refería al inicio, ¿por qué?, porque es en este caso específico en el que la actitud opaca a la calidad de audio. Si vas a ver un show punk en Guayaquil, este tipo de problemas técnicos van incluidos con el precio de la entrada, pero es el show en vivo lo que destaca, y Lanny Barbie sabe poner uno muy bueno, y que se va desarrollando como un guión improvisado durante toda la tocada.

Esputo Catatónico, la banda genérica de los legendarios españoles Eskorbuto (banda que admiro muchísimo), es una agrupación que me atrae, sin embargo, la razón de utilizar el calificativo “genérico”, es porque su actitud aún cuando es al máximo “confrontadora”, no le llega a los talones a la autenticidad de los originales. Y algo que no me gusta son las cosas tibias o a medias, si realmente te crees todo lo que dices o proyectas, vívelo, no lo actúes. Musicalmente me gustan, y mucho, tienen su onda y hay que admitirlo, pero en cuestión de actitud, no me trago la fachada.

Como conversamos con un amigo durante el show, muchas bandas Punk de la ciudad son copias tras copias tras copias del discurso de otras bandas de antaño, que no proponen nada nuevo. Si alguna de las bandas hubiera pedido 5 minutos de silencio y un poco de reflexión por el nuevo Papa a todos los presentes esa noche en Diva, la actitud hubiera sido mil veces más confrontadora, contra cultura y más contestaria que gritar “¡hijueputa!” al final de cada canción o decir “¡abajo esto! y “¡abajo aquello!”, al ejército uniformado de alternativos guayaquileños. Esa sí hubiera sido una verdadera actitud Punk.



Finalmente, y con extrema puntualidad, llegaron las Vírgenes Violadoras, que aunque brindaron un show increíble de principio a fin, para una banda que cada vez más se introduce en los sonidos New Wave, la falta del tecladista se sintió. El orden de las canciones varió al que tenían establecido originalmente, esperando su llegada, y aunque fue en vano, el setlist estuvo impecable:




1.     Mi pedo en tu boca
2.     Monstruo de los Andes
3.     Tu sonrisa me ciega y me hipnotiza
4.     La niña del vestido rojo
5.     Aquelarre
6.     Cocoon
7.     Te amo siempre
8.     Dilema anal
9.     La chiva acuática de noé está llena de animales como tú
10.   Sangre
11.   Fingir Demencia
12.   Si te casas conmigo eres puta
13.   Entrando al corazón de la oscuridad

Su show, como un estado de menguante bipolaridad, varió drásticamente de un estado de ánimo a otro sin rendirle cuentas a nadie y con una performance contagiante y acelerante, sin embargo, la falta de un técnico de sonido, una vez más se hizo notable.

Tal vez la pregunta no debería referirse tanto a la actitud vs buen sonido, ya que muchos géneros musicales están muy arraigados a esa ideología que se basa más en actitud, especialmente si hablamos de Punk, pero… ¿en realidad estamos satisfechos con tan poco?, lastimosamente como comenté al inicio, la respuesta a esta pregunta continúa siendo “es lo que hay”.  Las dos cosas prodrían fusionarse creando un espectro musical muchísimo más contundente.

Ahora, no es con una visión pesimista que escribo estas palabras, es más, quisiera poder invitar a las personas que recién están empezando y a estudiantes de audio que tomen en cuenta que esto de ser sonidista de una banda es un cargo muy importante y necesario en esta escena under, la que al igual que un embrión, tiene como instinto primario e inmutable el continuar creciendo, buscando nutrirse y negándose a morir, sea como sea.

Fotos: Xavier "El abogado del rock" Gómez

3.15.2013

Vírgenes Violadoras: Los hijos mutantes de una generación Punk.



A veces la mejor forma de abrir los oídos de las personas es con una patada en el cráneo...
Las Vírgenes Violadoras llegaron a mi por allá por el 2007. El video promocional que colgaron en youtube los escupía a la escena guayaquileña, como en una distorsionada presentación a sociedad: Un personaje engafado disfrazado de mujer gritaba durante un show, haciendo un contraste sonoro y gráfico oxímoron, que incluía el montaje de una de sus canciones más suaves “Quiero ser una Virgen Violadora”. Al poco tiempo escuché comentarios positivos y negativos de sus conciertos, pero que sea como sea lograron entrar en los oídos de los demás proyectando sus letras nihilistas, esquizofrénicas e hilarantes, despertando la curiosidad de más de uno.
A decir verdad, en un principio no me gustaron, me parecían muy pretenciosos con su carta de presentación, y su primer álbum no fue algo que me llamó mucho la atención. Ver la reacción descontrolada de la gente al escuchar sus canciones en el difunto Old School Pub, me despertó un poco más de curiosidad. Tal vez era como un “¿será que escuché mal o mis oídos estaban atentos a otro género en ese momento?”, les di una segunda oportunidad al heredar de mi hermano mayor su segundo álbum, y fue desde el inicial crescendo de “Q.T.P.D.” que tuve que detener mi auto y decir “¡mierda!, aquí hay algo”.
El problema de su aceptación -aunque no creo que sea algo que les quite el sueño- puede radicar en que muchos no los comprenden o nunca comprenderán, ya sea porque son muy Punk para los Heavy, o muy Heavy para los Alternativos, o muy New Wave para los Punks, durante todos sus camaleónicos cambios. Todo esto sin dejar de ser una banda imperativa, ejecutores de un sonido primitivo pero interesantemente intenso. Aún cuando su premisa sea la de “Punk del futuro”, algo que no podría estar más alejado de la realidad. ¿Por qué? Porque no están inventando nada nuevo.
Con oídos más afilados y un poco más de búsqueda y análisis a su mensaje, quién sabe si su fin pudiese ser justamente ese, el de expresar sin remordimiento una broma pesada a la música “intelectual”,  algo que dejaron expuesto desde sus inicios, pero con rastros visibles de un pasado punk. En efecto, el de su líder Paolo Thoret (Sor-Bete), quién fue guitarrista por largos años de otro ícono DIY guayaquileño, Ultratumba, los que no han sabido tener su puesto bien ganado en los oídos del país, algo que en realidad siempre me pregunto por qué.
De vuelta a las Vírgenes… su inicio fue caótico y más bien líricamente risible, ya que pudo llegar a convertirse en una broma pesada bastante infantil, al estilo de Todd Congelliere, como dejaron claro en algunos de los temas tratados en su primera maqueta “Internadas en Huigra”. Las huellas de Ultratumba (de quienes incluyeron un tema reversionado) y sus letras de desgano, chabacanería, y adolescencia intempestiva (lo cual no tiene nada de malo), plagan y se sienten en sus primeras composiciones, en temas como “Mi pedo en tu boca”, “Me gusta que me masturbes” o “Violación en una clase de mecanografía”.
Estructuralmente como concepto de grupo, desde el nombre provocador, la apariencia de sus integrantes y los temas escatológicos recurrentes en su primer álbum, lograron sacudir las cabezas de más de uno. Para mí, un buen inicio para romper la puerta de tu casa a golpes para entrar y hacerse notar, más no un buen álbum en su totalidad, aún cuando hay algunas joyas escondidas y que siguen marcando puntos importantes en su historia como “Monstruo de los Andes”, y la cacofónica “La última monja en el planeta Tierra”.
Aún cuando después del primer álbum ya conocimos que les gusta que los masturben, el concepto de la burla a todo como carta de presentación no nos revela el bajón emocional que ronda entre sus “Extraños sentimientos” y la suicida “Envenenemos las aguas del planeta” con su repetitivo “qué más da… un día más, un día menos”, que además revelan otra faceta que nunca fue expuesta y que hace apariciones sin freno desde la raíz compositiva. Excelente de principio a fin, enriqueciendo su repertorio con capas y texturas tanto líricas como musicales, pero conteniendo rezagos de sus malos chistes, como “Cocoon”, que aunque sea pegajosa para sus seguidores, a mi realmente solo me patea los huevos, quitándole el mood al álbum. En algunos de los temas que lo componen, los alaridos se mantienen, pero la sensación y trasfondo que proyectaron en sus inicios varía enormemente.
Es en su segundo álbum en el que ya se empieza a notar la variedad y la mutación de las VV. Un álbum mucho menos confrontacional y más profundo y ambiguo, en el que se revelan más historias íntimas de las que se podría esperar de ellos. “Canciones de amor podrido y sin esperanza” es en sí, una obra que te hace pensar, y no recomendada para gente que sufre de depresión. Lejos de esto, y salvo de una o dos excepciones, este es a mi parecer su obra más representativa y mejor ejecutada. Un álbum que dentro de muchos años podría llegar al status de álbum de culto.
Luego de una breve experimentación con su ya famosa “Si te casas conmigo eres puta”, es en su tercer trabajo, el disco doble “Lado V”, cuando mutan por completo a una banda New Wave, con influencia directa de la legendaria banda Punk ecuatoriana de los 80s “Descontrolados”, donde el padre de Sor-Bete fue guitarrista, llevándolos aún más al fondo de estos caminos musicales desconocidos.
La calidad de audio no es la mejor, debido a su falta de una batería real, pero el feeling del álbum es algo digno de escucharse. Muy atrás queda la inmadurez (por no encontrarle un mejor adjetivo) de su primer trabajo para consolidarse como una banda que ofrece mucho más que una broma de mal gusto. Los temas siguen teniendo los títulos característicos que buscan llamar la atención, pero en contenido tienen mucho más que decir.
Sea el género que hayan adoptado en la variedad de facetas musicales encarnadas a lo largo de su corta historia, no afectan en nada a su genialidad como banda. Nada de posturas impuestas o categorizaciones en base a géneros, sino una autenticidad que probablemente es más visible para las personas que conocen a sus integrantes. Ellos son así porque siempre han sido así.
Si los temas pasan de sexuales a profundos o burlas que confrontan de manera sarcástica a drogadictos, emos y al mismo presidente Correa, poseen los componentes necesarios para crear bases sólidas en sus composiciones. Y aunque la imagen proyectada podría caer en lo banal o vulgar, las VV se reinventan a sí mismos convirtiéndose en una contradicción musical como comunicadores de emociones, sumado a la imagen que proyectan desde su nombre, sin alejarse del objetivo inicial.
Su participación en festivales y hasta bandas sonoras de películas no ha sido por coincidencia. La genialidad de la banda radica en que sus alaridos son justificados, sus sonidos provocativos y su autenticidad innegable. Las VV son una banda con los pies sobre la tierra, pero que por momentos levita hasta al status que muchos quisieran llegar, y que aunque sea únicamente dentro de una escena tan pequeña como la nuestra, no significa -en lo absoluto- que sea poca cosa.