3.15.2013

Vírgenes Violadoras: Los hijos mutantes de una generación Punk.



A veces la mejor forma de abrir los oídos de las personas es con una patada en el cráneo...
Las Vírgenes Violadoras llegaron a mi por allá por el 2007. El video promocional que colgaron en youtube los escupía a la escena guayaquileña, como en una distorsionada presentación a sociedad: Un personaje engafado disfrazado de mujer gritaba durante un show, haciendo un contraste sonoro y gráfico oxímoron, que incluía el montaje de una de sus canciones más suaves “Quiero ser una Virgen Violadora”. Al poco tiempo escuché comentarios positivos y negativos de sus conciertos, pero que sea como sea lograron entrar en los oídos de los demás proyectando sus letras nihilistas, esquizofrénicas e hilarantes, despertando la curiosidad de más de uno.
A decir verdad, en un principio no me gustaron, me parecían muy pretenciosos con su carta de presentación, y su primer álbum no fue algo que me llamó mucho la atención. Ver la reacción descontrolada de la gente al escuchar sus canciones en el difunto Old School Pub, me despertó un poco más de curiosidad. Tal vez era como un “¿será que escuché mal o mis oídos estaban atentos a otro género en ese momento?”, les di una segunda oportunidad al heredar de mi hermano mayor su segundo álbum, y fue desde el inicial crescendo de “Q.T.P.D.” que tuve que detener mi auto y decir “¡mierda!, aquí hay algo”.
El problema de su aceptación -aunque no creo que sea algo que les quite el sueño- puede radicar en que muchos no los comprenden o nunca comprenderán, ya sea porque son muy Punk para los Heavy, o muy Heavy para los Alternativos, o muy New Wave para los Punks, durante todos sus camaleónicos cambios. Todo esto sin dejar de ser una banda imperativa, ejecutores de un sonido primitivo pero interesantemente intenso. Aún cuando su premisa sea la de “Punk del futuro”, algo que no podría estar más alejado de la realidad. ¿Por qué? Porque no están inventando nada nuevo.
Con oídos más afilados y un poco más de búsqueda y análisis a su mensaje, quién sabe si su fin pudiese ser justamente ese, el de expresar sin remordimiento una broma pesada a la música “intelectual”,  algo que dejaron expuesto desde sus inicios, pero con rastros visibles de un pasado punk. En efecto, el de su líder Paolo Thoret (Sor-Bete), quién fue guitarrista por largos años de otro ícono DIY guayaquileño, Ultratumba, los que no han sabido tener su puesto bien ganado en los oídos del país, algo que en realidad siempre me pregunto por qué.
De vuelta a las Vírgenes… su inicio fue caótico y más bien líricamente risible, ya que pudo llegar a convertirse en una broma pesada bastante infantil, al estilo de Todd Congelliere, como dejaron claro en algunos de los temas tratados en su primera maqueta “Internadas en Huigra”. Las huellas de Ultratumba (de quienes incluyeron un tema reversionado) y sus letras de desgano, chabacanería, y adolescencia intempestiva (lo cual no tiene nada de malo), plagan y se sienten en sus primeras composiciones, en temas como “Mi pedo en tu boca”, “Me gusta que me masturbes” o “Violación en una clase de mecanografía”.
Estructuralmente como concepto de grupo, desde el nombre provocador, la apariencia de sus integrantes y los temas escatológicos recurrentes en su primer álbum, lograron sacudir las cabezas de más de uno. Para mí, un buen inicio para romper la puerta de tu casa a golpes para entrar y hacerse notar, más no un buen álbum en su totalidad, aún cuando hay algunas joyas escondidas y que siguen marcando puntos importantes en su historia como “Monstruo de los Andes”, y la cacofónica “La última monja en el planeta Tierra”.
Aún cuando después del primer álbum ya conocimos que les gusta que los masturben, el concepto de la burla a todo como carta de presentación no nos revela el bajón emocional que ronda entre sus “Extraños sentimientos” y la suicida “Envenenemos las aguas del planeta” con su repetitivo “qué más da… un día más, un día menos”, que además revelan otra faceta que nunca fue expuesta y que hace apariciones sin freno desde la raíz compositiva. Excelente de principio a fin, enriqueciendo su repertorio con capas y texturas tanto líricas como musicales, pero conteniendo rezagos de sus malos chistes, como “Cocoon”, que aunque sea pegajosa para sus seguidores, a mi realmente solo me patea los huevos, quitándole el mood al álbum. En algunos de los temas que lo componen, los alaridos se mantienen, pero la sensación y trasfondo que proyectaron en sus inicios varía enormemente.
Es en su segundo álbum en el que ya se empieza a notar la variedad y la mutación de las VV. Un álbum mucho menos confrontacional y más profundo y ambiguo, en el que se revelan más historias íntimas de las que se podría esperar de ellos. “Canciones de amor podrido y sin esperanza” es en sí, una obra que te hace pensar, y no recomendada para gente que sufre de depresión. Lejos de esto, y salvo de una o dos excepciones, este es a mi parecer su obra más representativa y mejor ejecutada. Un álbum que dentro de muchos años podría llegar al status de álbum de culto.
Luego de una breve experimentación con su ya famosa “Si te casas conmigo eres puta”, es en su tercer trabajo, el disco doble “Lado V”, cuando mutan por completo a una banda New Wave, con influencia directa de la legendaria banda Punk ecuatoriana de los 80s “Descontrolados”, donde el padre de Sor-Bete fue guitarrista, llevándolos aún más al fondo de estos caminos musicales desconocidos.
La calidad de audio no es la mejor, debido a su falta de una batería real, pero el feeling del álbum es algo digno de escucharse. Muy atrás queda la inmadurez (por no encontrarle un mejor adjetivo) de su primer trabajo para consolidarse como una banda que ofrece mucho más que una broma de mal gusto. Los temas siguen teniendo los títulos característicos que buscan llamar la atención, pero en contenido tienen mucho más que decir.
Sea el género que hayan adoptado en la variedad de facetas musicales encarnadas a lo largo de su corta historia, no afectan en nada a su genialidad como banda. Nada de posturas impuestas o categorizaciones en base a géneros, sino una autenticidad que probablemente es más visible para las personas que conocen a sus integrantes. Ellos son así porque siempre han sido así.
Si los temas pasan de sexuales a profundos o burlas que confrontan de manera sarcástica a drogadictos, emos y al mismo presidente Correa, poseen los componentes necesarios para crear bases sólidas en sus composiciones. Y aunque la imagen proyectada podría caer en lo banal o vulgar, las VV se reinventan a sí mismos convirtiéndose en una contradicción musical como comunicadores de emociones, sumado a la imagen que proyectan desde su nombre, sin alejarse del objetivo inicial.
Su participación en festivales y hasta bandas sonoras de películas no ha sido por coincidencia. La genialidad de la banda radica en que sus alaridos son justificados, sus sonidos provocativos y su autenticidad innegable. Las VV son una banda con los pies sobre la tierra, pero que por momentos levita hasta al status que muchos quisieran llegar, y que aunque sea únicamente dentro de una escena tan pequeña como la nuestra, no significa -en lo absoluto- que sea poca cosa.

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